Cortó el maleficio

River después de 19 años alcanzó otra final en la Copa Libertadores de América. Durante ese lapso la fortuna y eficacia no lo acompañaron, como si lo hubiesen engualichado en un torneo que nunca se le hizo fácil.

Que la Copa Libertadores jamás fue amiga de River no es ningún descubrimiento. Los números hablan por sí solos: el Millo disputó sólo cuatro finales y levantó dos copas (1986 y 1996). La última vez que disfrutó de la fase definitiva, se llevó el título. Luego tuvo diversas historias en el torneo que no pasaron de una semifinal y las repasamos.


En 1997 River era el defensor del título continental y hacía su presentación en los octavos de final ante Racing. Tras el 4-4 global, en los penales perdía 5-3 como local con el tiro definitivo de Marcelo “Chelo” Delgado. En el ´98 el Millonario se clasificaba a octavos como el mejor primero de los cinco grupos y dejaba en el camino a América de México y a Colón de Santa Fe. Después le sacaría la ilusión en semis el Vasco da Gama de Brasil –que sería campeón-. River otra vez era eliminado en el Monumental. En la edición del año siguiente, La Banda caía nuevamente en semifinales y ante un equipo brasilero. Esa vez perdería 3-0 con el Palmeiras como visitante, que también sería el posterior campeón.

En el 2000 la historia mucho no cambiaría y River sería eliminado por su eterno rival. Venía de clasificar primero en su grupo y de derrotar a Cerro Porteño de Paraguay por un contundente 5-0 genérico. Se cruzaba con Boca en los cuartos de final e iba a La Bombonera con un 2-1 a favor. Previo a ese partido, Américo “Tolo” Gallego (técnico de River) diría una frase chicanera que sería recordada por siempre: “Si ellos ponen a Palermo en el banco, yo lo pongo a Enzo (Francescoli)”. Y tuvo que tragarse sus palabras cuando el Xeneize lo eliminó 3-0 como local con un gol de Palermo, que volvía a las canchas tras una rotura de ligamentos cruzados en una de sus rodillas. La mala suerte continuaba en Núñez y encima su archirrival levantaba la Libertadores de aquel año. En 2001 Boca volvía a ser el mejor y River era eliminado en cuartos por el Cruz Azul en México. Al año siguiente le iría peor al Millonario. Sus sueños se los aplastaría el Gremio de Brasil con un 6-1 global y letal en los octavos de final. Los dirigidos por Ramón Díaz no ganaban ninguno de los dos partidos y se iban rápidamente del torneo. En el 2003 sus aspiraciones acababan en los cuartos de final. Después de sacar al Corinthians de Brasil, chocaba con el América de Cali y perdía 5-3 en el total. Boca obtenía otra copa y los riverplatenses masticaban bronca.

La Libertadores del 2004 fue una puñalada al corazón del hincha. La herida que dejó la eliminación con Boca por penales en semifinales no sanó jamás. En un Monumental totalmente lleno de hinchas millonarios, Carlos Tevez hacía en el festejo de su gol la “gallinita” a puro aleteo de brazos y Javier Villareal metía el penal que le daba a Boca el boleto a otra final. A River se le terminaba la nafta –otra vez- a un paso de la final y era todo tristeza. El único consuelo que tenía era que los dirigidos por Carlos Bianchi perdían la final con el Once Caldas de Colombia. Zafaban de una gastada aún mayor. Al año siguiente, el maleficio persistía. El Millo clasificaba a los octavos como el mejor primero y superaba a Liga de Quito y Banfield, respectivamente. Pero en las semifinales volvía a comerse un tortazo. El San Pablo de Brasil le ganaba los dos duelos y después sería el campeón de aquella edición. River no ligaba y la copa lo esquivaba. En 2006 se cumplía una década de la última Libertadores ganada por el Millonario. Impensado. Ni siquiera había alcanzado una final desde aquella vez. ¿Esta sería la excepción? Para nada. River accedía a octavos como uno de los peores en la tabla general y eliminaba al Corinthians en esa instancia. Pero sus intenciones hacia el título llegaron hasta el cruce con Libertad, que lo sacó del certamen en Paraguay. En el 2007 las cosas se pusieron peor para el Millonario. Tocó fondo y quedó afuera del torneo en la fase de grupos que compartía junto al Colo-Colo, Caracas y Liga de Quito. Para colmo, Boca volvía a consagrarse campeón. El tsunami de malos resultados en la Libertadores no cesaba. River se acostumbraba a perder definiciones importantes y a no figurar en ellas también.

La Libertadores del 2008 dejó otra herida insanable en la historia riverplatense. Se cruzó en los octavos de final con San Lorenzo y el Ciclón le propinó una derrota épica en el Monumental. Con Ramón Díaz como dt del azulgrana y Gonzalo Bergessio como héroe, San Lorenzo empató un partido casi liquidado. Los de Boedo perdían 2-0 y tenían dos jugadores menos. Precisaban un gol para extender la serie a los penales por el triunfo 2-1 en el Nuevo Gasómetro, pero Bergessio metió un doblete y dejó a todos los de River con la boca abierta. Lo increíble sucedía: el Millo se retiraba ante su gente cabizbajo y lleno de rabia. En 2009 River disputó su última Copa Libertadores –antes de esta- y fue otra mala experiencia. Como en el 2007, no pasó la fase de grupos y fue otro papelón. En esa ocasión había conformado el grupo con Nacional de Paraguay y Uruguay, y la Universidad de San Martín (Perú).

Tuvieron que pasar cinco ediciones de la copa para que River retornara a ella. Los de Núñez después del 2009 continuaron con malas campañas y la caída libre finalizó con el descenso del 2011. Ahí el Millo hizo borrón y cuenta nueva, y con el tiempo volvieron los títulos, el buen juego y la satisfacción del hincha. Y en este 2015 cortó una racha maliciosa que lo persiguió por casi dos décadas: llegar a otra final de la Libertadores. El próximo miércoles disputa la primera final con Tigres en México e irá en busca de un buen resultado para dar la vuelta como local. Por el momento, ya tiene asegurado el pasaje a Japón para el Mundial de Clubes debido a que Tigres es invitado por la Concacaf y no puede representar a la Conmebol. Así que River va por todo sin conformismo que valga.

Leandro Xabier Maimó

Soy Técnico Superior en Periodismo Deportivo. Me recibí en 2014 en ETER, escuela de comunicación. Tengo 21 años, y soy ateo y apolítico. Humildad ante todo.

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