La hazaña japonesa

En el Community Stadium de Brighton, Inglaterra, el sábado había un eco de griterío que retumbaba en el ambiente. Casi 30.000 personas, 29.290 más precisamente, festejaban una acción que se daba en el césped pisoteado durante 80 minutos. ¿Cuál era? La elección de Japón de ir por todo. Por la gloria. Se enfrentaba a los Springboks sudafricanos, bicampeones y potencia del rugby, en el debut del Grupo B de la Copa del Mundo y no se conformaba con una igualdad ante uno de los siempre candidatos. Los asiáticos evitaron el remate a los palos, que les hubiese dado un empate, e insistieron con buscar la victoria. Eran conscientes de que podían escribir historia.

Hesketh anotando el try que le dio el triunfo histórico a Japón. Gentileza: www.diezmas.com
La historia de los mundiales de rugby es muy breve pero es un deporte que está en constante crecimiento. Tal es así que la primera cita mundialista fue en 1987, así que la edición 2015 es la octava que se lleva a cabo. Japón su única victoria en el torneo la había logrado ante Zimbabwe en 1991 con un resultado holgado: 52-8. Hasta esta copa realizada en Inglaterra, los del medio oriente patentaban un récord de una victoria, dos empates y 21 derrotas. Por el otro lado, Sudáfrica -uno de los poderosos del rugby mundial- tiene dos trofeos que lo respaldan: 1995 y 2007. Las casas de apuestas, por supuesto, daban como ganador a los Springboks. No había oportunidad para los japoneses. Pero sólo ellos, y nada más que ellos, confiaban en sus facultades para llevarse un triunfo histórico.
Japón planteó un partido de igual a igual con mucho esfuerzo físico a lo largo del cotejo. Se fueron 12-10 al entretiempo con los Springboks en superioridad. Alguno creería que se desmoronarían los asiáticos pero eso no pasó. Siguieron esforzándose y dándole pelea a los favoritos. En cierto momento parecía que los sudafricanos se escaparían en el marcador pero tampoco sucedió. No ocurrió porque ahí estuvo el amor propio, el orgullo, la perseverancia y el trabajo en equipo de los japoneses. No había conformismo que valiera. Ni una derrota digna ni un empate les calmaba sus inquietudes. Ellos querían demostrar que no habían ido de paseo a Inglaterra. Por eso retumbaron los gritos en el estadio cuando decidieron a los 80 minutos buscar el try que los llevara a la gloria. Porque, ante los reiterados penales hechos por Sudáfrica, Japón podía buscar la igualdad que también sería considerada como una hazaña. Pero la ambición y la confianza les ganó. Tenían a los Springboks cerca de su línea de ingoal y añoraban apoyar la guinda ahí. La cara de los africanos cuando vieron que Japón pedía scrum en vez de palos era de sorpresa absoluta. El marcador estaba 32-29 a favor de los de verde y los asiáticos se rehusaban a un empate. Era el famoso a todo o nada. Se armó el pack de forwards de ambos equipos y se ejecutó. Ante algunos derrumbes del "techo", por fin la guinda quedó en poderío de los japoneses, que intentaron filtrarse en la defensa sufadricana. Con la pelota en mano, fueron buscando alternativas de lado a lado para continuar ganando metros. Y así llegó el momento épico. De derecha a izquierda se dio. Arremetieron con pases hacia la izquierda hasta que Karne Hesketh (neozelandés) embistió apoyando la guinda cerca del banderín izquierdo. Casi contra el límite de la cancha. Después de eso, explotó el Community Stadium. Así como se emocionaban en el campo de juego los propios japoneses, en las tribunas sucedía lo mismo con los hinchas. Todos notaban que Japón había dado una prueba de carácter a un grande. Al que daban todos, previo al partido, como contundente ganador. Al dos veces campeón del mundo y al que le genera un dolor de cabeza a la mayoría de las selecciones. Era una fiesta total e increíble.


Los Springboks estaban anonadados sobre lo que había pasado. No entendían cómo se les había escapado el triunfo. Querían saludar rápido a sus rivales e irse al vestuario. Era la primera vez que Sudáfrica caía en un debut mundialista. Y qué caída. De esas que duelen y mojan la oreja. Japón sacó pecho para la lucha, potenció su juego a través del orgullo y la confianza, y se llevó un triunfo más que merecido. Por todo lo que generó en esos 80 minutos devastadores para el físico. Pero nada importó después de ese try. Siguieron saltando, festejando, sacándose fotos y sonriendo. La espina que traían de otros mundiales se la sacaron de la mejor manera y con un 34-32 sufrido pero delicioso. Ese try propinó un gusto especial para todo el país japonés, que fue testigo de un momento histórico que jamás se olvidará en el rugby.     


Leandro Xabier Maimó

Soy Técnico Superior en Periodismo Deportivo. Me recibí en 2014 en ETER, escuela de comunicación. Tengo 21 años, y soy ateo y apolítico. Humildad ante todo.

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